La novia no estaba loca de amor, pero el caso es que dijo que bueno y mientras los invitados tiraban el tradicional puñado de arena sobre las cabezas de los novios, Arturo se fue solo y lloroso a la clase mucho antes de que sonara la campana, porque ésa es otra, como la boda había sido muy rápida, a Adrián le había dado tiempo a darle un beso a Lupe y sólo de pensar en eso a Arturo le entraba una melancolía tan grande que hubiera deseado estar ya en su habitación, en su cama, para quedarse dormido y olvidarse de todo aquello.