La verdad es que hay tantos personajes que valdría la pena montar un
museo etnográfico. Uno de los recuerdos de mi
juventud, que nunca podré borrar de la memoria, es el momento en que hicieron un recorrido imaginario por las
calles de
Canena enunciando, ante mi incredulidad, tan sólo el apodo de los cabeza de
familia. Y no os creáis, parecía que me encontraba en Nueva York, rodeada por todos sitios de
fauna salvaje y tribus urbanas. No conocí ni a mi padre!
Sirva este
mensaje como saludo a aquellas
... (ver texto completo)