Lentamente se alejan por la memoria los recuerdos de las vacaciones. Otra vez te despierta la rutina de cada mañana y te explica que este día no va a ser tan especial como ésos que has disfrutado este verano perdiendo voluntariamente el tiempo, como ésos que has dedicado a viajar y conocer mas allá de tus fronteras habituales o como ésos que has exprimido hasta la extenuación en las fiestas. Otra vez te diriges a tus actividades habituales con la cabeza más puesta en el pasado reciente que en guiar tus pasos. Y vuelves a sumergirte con todo aquello que forma parte de la mayoría de tus días. Hasta que abres un poco más los ojos y vuelves a la realidad como si ahora, y solo ahora, estuvieses despierto.
Pero esto no ha sido un sueño. Has podido respirar el ir y venir del parque y del caño al echar ligaillas por la mañana. Has pasado esas tardes tomando el café en los Pufs. Has disfrutado de la sensación de clandestinidad nocturna que siempre se siente en el Zurreón montándote la fiesta a tu bola. Has disfrutado de las copas mejor echadas de la zona, sobre la misteriosa tranquilidad que otorgan las terrazas de la calle, hasta que, con la noche crecida, has participado como un poseso en el bullicio de los lugares mas animados y fiesteros.
No es tan molesta la rutina cuando has disfrutado de un lugar, de sus habitantes, de sus visitantes y de ese ambiente único que se siente cuando te ves rodeado por toda esa gente que tanto quiere a ese pueblo llamado Bélmez de la Moraleda.
-Lavot Ziric-.
Pero esto no ha sido un sueño. Has podido respirar el ir y venir del parque y del caño al echar ligaillas por la mañana. Has pasado esas tardes tomando el café en los Pufs. Has disfrutado de la sensación de clandestinidad nocturna que siempre se siente en el Zurreón montándote la fiesta a tu bola. Has disfrutado de las copas mejor echadas de la zona, sobre la misteriosa tranquilidad que otorgan las terrazas de la calle, hasta que, con la noche crecida, has participado como un poseso en el bullicio de los lugares mas animados y fiesteros.
No es tan molesta la rutina cuando has disfrutado de un lugar, de sus habitantes, de sus visitantes y de ese ambiente único que se siente cuando te ves rodeado por toda esa gente que tanto quiere a ese pueblo llamado Bélmez de la Moraleda.
-Lavot Ziric-.