Y de los trompazos contra los cristales que me decís.Esos tambien tienen lo suyo.Venía Miguel bajando unas escaleras y como siempre va corriendo pues no se fijó que justo delante tenía un puerta de cristal limpísima, inmaculada e invisible así que se la tragó enterita.El conserje del edificio tuvo que darse la vuelta para no reirse .Otro día os contaré alguna mía que también las tengo buenas.
ESPE.
ESPE.