Cierto día en que el padre se preparaba para ir a la feria, preguntó a las dos mayores qué deseaban que les trajese.
- Lindos vestidos- respondió una de ellas.
- Joyas- dijo la otra.
- ¿Y a ti, Cenicienta?- preguntó luego -. ¿Qué te gustaría?
- Tráeme, papá -contestó ella-, un fresco y verde brote de avellano; el primer brote que te roce el sombrero en el camino de regreso.
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- Lindos vestidos- respondió una de ellas.
- Joyas- dijo la otra.
- ¿Y a ti, Cenicienta?- preguntó luego -. ¿Qué te gustaría?
- Tráeme, papá -contestó ella-, un fresco y verde brote de avellano; el primer brote que te roce el sombrero en el camino de regreso.
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Las dos mayores quedaron encantadas con sus lujosos regalos y muy pronto empezaron a pavonearse delante del espejo, acicalándose y adornándose como era propio de tan vanidosas criaturas. También a Cenicienta le gustó su modesto regalo, y fue a plantarlo en el jardín que había detrás de la casa. Todos los días se ocupaba del brote, así que creció y creció hasta convertirse en un pequeño árbol.
Cierto día llegó una paloma e hizo en el árbol su nido. Revoloteó entre las ramas, se posó en los pequeños ... (ver texto completo)
Cierto día llegó una paloma e hizo en el árbol su nido. Revoloteó entre las ramas, se posó en los pequeños ... (ver texto completo)