En el otoño-invierno, cuándo vas subiendo a la Tiñosa, el paisaje se muestra tristón, aunque muy hermoso, con los álamos y los quejigos del sotobosque desnudos de hojas, que enrojecen y amarillean el suelo. Los arroyos, llenos por las lluvias, cantan y murmuran con más fuerza, y las cabras del Cuco viejo se apiñan en el regazo de la sierra, protegiéndose de los vientos fríos, que con su ulular sobrecogedor, azotan la Horconera y llenan el corazón y el alma del caminante, de melancolías, nostalgias ... (ver texto completo)