Algunos informes sugieren que alguien con la suficiente paciencia y calma podría incluso hacerse
amigo de un piesgrandes. En el
otoño de 1966, una pareja que vivía cerca de Lower Bank, en Nueva Jersey, encontró huellas de 43 cm de longitud cerca de su
casa, y más tarde vieron una cara que asomaba por una
ventana situada a más de dos metros de altura. Durante algún tiempo fueron dejando con regularidad restos de verduras, que el piesgrandes consumía, pero una
noche en que se olvidaron el visitante
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