EL COCINERO DEL ARZOBISPO
Juan Valera
En los buenos tiempos antiguos, cuando estaba poderoso y boyante el Arzobispado, hubo en
Toledo un Arzobispo tan austero y penitente, que ayunaba muy a menudo y casi siempre comía de vigilia, y más que
pescado, semillas y yerbas.
Su cocinero le solía preparar para la colación, un modesto potaje de habichuelas y de garbanzos, con el que se regalaba y deleitaba aquel venerable y herbívoro siervo de Dios, como si fuera con el plato más suculento, exquisito
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