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Y erguido todavía, mirando al mar desde inconmovibles acantilados,
tratarás de interpretar vagos rastros de cometas y cangrejos,
de apacibles algas empetroladas, de obscenas máscaras de suicidas
y sus muecas tristes, apenas veladas. Ocultas desde siempre como un signo
tras los ojos glaucos y arteros de la espuma.
Y erguido todavía, mirando al mar desde inconmovibles acantilados,
tratarás de interpretar vagos rastros de cometas y cangrejos,
de apacibles algas empetroladas, de obscenas máscaras de suicidas
y sus muecas tristes, apenas veladas. Ocultas desde siempre como un signo
tras los ojos glaucos y arteros de la espuma.