También la infalible nariz de cazadora
ventea a tu inocente desnudez
desde la simetría inversa del espejo.
Y estás allí, de pie, temblando de asombro
mientras tu piel se eriza y ella levanta un brazo
y abre una mano
y la cierra después
y la vuelve a abrir
un par de veces más todavía
y la palma generosa
es una cándida señal de paz
para la humanidad entera
que sin duda las ignora.
También al cuarto
mi silencio
la silla vacía.
Yo, casualmente,
te miro
callado
mientras me rasco la cabeza
y de pronto siento frío
y me tapo con la manta
y en verdad no sé quién puta soy
si acaso existo
aquí, sentado frente a un desconocido
fumando
en el espejo.
ventea a tu inocente desnudez
desde la simetría inversa del espejo.
Y estás allí, de pie, temblando de asombro
mientras tu piel se eriza y ella levanta un brazo
y abre una mano
y la cierra después
y la vuelve a abrir
un par de veces más todavía
y la palma generosa
es una cándida señal de paz
para la humanidad entera
que sin duda las ignora.
También al cuarto
mi silencio
la silla vacía.
Yo, casualmente,
te miro
callado
mientras me rasco la cabeza
y de pronto siento frío
y me tapo con la manta
y en verdad no sé quién puta soy
si acaso existo
aquí, sentado frente a un desconocido
fumando
en el espejo.