PURULLENA: Segunda parte...

Segunda parte
o el temblor de la carne

De pronto tus pechos
despiertan
al delicado roce
de la yema de mis dedos.

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Florecen.
y esperan.
Esperan.

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Y después, la segura oquedad de la cintura
para anudar así
todos los vientos.

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¡Oh, la cava sagrada del pubis!