La poderosa nación alemana, orgullosa de haberse convertido en una potencia económica de primer orden después de sucumbir a la locura nazi y reconstruir el país destruido, tiembla solo al pensar que un nuevo tropezón puede acabar con su reputación. Al menos, ha empezado a rectificar. El viernes levantó la alerta contra el consumo de pepinos, lechugas y tomates.