Allí estaba,
pendiente
de un clavo en la pared,
con su vestigo negro
de raso, de domingo.
El cuarto era una sombra.
Parecía que sus ojos
no iban a llegar nunca.
pendiente
de un clavo en la pared,
con su vestigo negro
de raso, de domingo.
El cuarto era una sombra.
Parecía que sus ojos
no iban a llegar nunca.