POEMA DEL MENDIGO
Hoy mi dormitorio huele a verano.
A lluvia,
a madera.
Recuerda a la tormenta arrulladora
golpeando con violencia las persianas.
O a las cortinas bailando inquietas
al son de un viento caluroso
que con estruendo a las puertas fustiga.
Hoy mi dormitorio huele a verano.
A lluvia,
a madera.
Recuerda a la tormenta arrulladora
golpeando con violencia las persianas.
O a las cortinas bailando inquietas
al son de un viento caluroso
que con estruendo a las puertas fustiga.
Pero también recuerda
a un sol ardiente, soberano
del que hay que buscar refugio
en la sombra de los pasillos silenciosos
a un sol ardiente, soberano
del que hay que buscar refugio
en la sombra de los pasillos silenciosos
Y sin embargo,
tengo impregnado un paisaje de invierno.
Llovizna fría sobre la plaza,
y las palomas que han levantado vuelo
y se han perdido.
Los hombres con sus pasos largos,
las cabezas gachas
y las manos en los bolsillos escondidas.
tengo impregnado un paisaje de invierno.
Llovizna fría sobre la plaza,
y las palomas que han levantado vuelo
y se han perdido.
Los hombres con sus pasos largos,
las cabezas gachas
y las manos en los bolsillos escondidas.
Y en las escaleras de la catedral,
rosa de pétalo campanero,
de cara a la puerta un mendigo,
doblado y con la mano abierta,
y un brillo de súplica en los ojos tristes.
rosa de pétalo campanero,
de cara a la puerta un mendigo,
doblado y con la mano abierta,
y un brillo de súplica en los ojos tristes.
Quienes salen del templo,
pasan a su lado y casi hay un roce entre las ropas,
pero enseguida lo dejan atrás.
Un niño, sin soltarse de la mano de su madre,
gira la cabeza curioso y lo mira asombrado,
pero doblan y desaparecen
y el mendigo está doblado y con la mano abierta.
pasan a su lado y casi hay un roce entre las ropas,
pero enseguida lo dejan atrás.
Un niño, sin soltarse de la mano de su madre,
gira la cabeza curioso y lo mira asombrado,
pero doblan y desaparecen
y el mendigo está doblado y con la mano abierta.
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