Puebla, pueblo en el que no hace falta ni oro ni millones,
Porque los poblatos todo ello lo llevan dentro de sus corazones.
Su invierno, tan frío y platino a la vez,
Lo calienta una pascua que no se puede ver sólo una vez.
Su primavera, con esos tonos chillones y ese paísaje que vale millones,
Por el que bajan adornadas entre flores,
Dos reinas que quitan miedos y temores.
Su verano, lleno de canto de golondrinas,
Y niños en el paseo comiendo unas golosinas,
Esperando al Angel bendito al que le piden que cuide a sus familias.
Su otoño, recubierto con tonos ocres y marrones,
Es cuando los poblatos recojen los frutos que han cultivado con sus corazones.
Y aquí es cuando el poeta deja la opinión para sus lectores,
¡Viva la puebla y sus pobladores!
Un cordial saludo.
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Porque los poblatos todo ello lo llevan dentro de sus corazones.
Su invierno, tan frío y platino a la vez,
Lo calienta una pascua que no se puede ver sólo una vez.
Su primavera, con esos tonos chillones y ese paísaje que vale millones,
Por el que bajan adornadas entre flores,
Dos reinas que quitan miedos y temores.
Su verano, lleno de canto de golondrinas,
Y niños en el paseo comiendo unas golosinas,
Esperando al Angel bendito al que le piden que cuide a sus familias.
Su otoño, recubierto con tonos ocres y marrones,
Es cuando los poblatos recojen los frutos que han cultivado con sus corazones.
Y aquí es cuando el poeta deja la opinión para sus lectores,
¡Viva la puebla y sus pobladores!
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