Un día de aceitunas, en el mes de diciembre: Son casi las ocho y al sol le cuesta salir de sus sábanas blancas, con sacrificado y frío esfuerzo nos levantamos y, con agua de una cubeta del caño fría, como el hielo, con pereza, nos lavamos después de estar vestidos, por el riguroso inviern. Desayuno, café casero, de cebada tostada, con picatostes o pan frito. Se cargan los pesados y escasos fardos con las largas varas de abalear y la merienda tocino frito, huevos o morcilla o tal vez, chorizo, con ... (ver texto completo)