Era todo un acontecimiento, despues de casi un año, mimandolo y cebandole, al pobre marrano le llegaba, su SANMARTIN. la de ahora esto no lo ha vivido, pero los niños de entonces, cuando escuchabámos chillar a un marrano, íbamos corriendo y ayudábamos a sujetarlo, para después reclamar la vegiga, que inflávamos y ya teniamos una pelota para jugar hasta que se rompia, ya que no duraba mucho, pero era una diversión para nosotros. Durante la matanza, familia y vecinos colaboraban en las faenas, desde ... (ver texto completo)