Deseo felicitarles el nuevo año con esta reflexión:
“Todos los hombres se empeñan por
naturaleza en conocer” (Aristóteles).
Este es el origen de la ciencia: la curiosidad y el deseo de saber. La necesidad de trascender es otra característica que nos puede definir, pero que responde a otras exigencias. Mas, nuestro primer pecado, aquél por el que se expulsó del Paraíso, no fue por la desobediencia.
Cuando leí por primera vez “el
árbol de la ciencia”, de Pío Baroja, estuve de acuerdo en su
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