Según el tío abuelo, a principios de otoño, los ocasos en la Tiñosa son como un adiós lleno de presagios, con un cielo cabalgado por cúmulos gigantescos, semejando un gran rebaño errante de figuras monstruosas. La luz del atardecer se debilita y tras las crestas lejanas, asoma la luna llena, hermosa y grande, bañando la sierra de plata. Y, ahí, es cuándo las cosas se transforman y comienzan la magia y los misterios de la noche en la Tiñosa, tal como le pasó a el con las ensoñaciones del aquelarre
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año 74-
otoño Anotaciones de un día, encontradas en el baúl de los recuerdos. Hoy, subiendo a la Tiñosa, parece que las nubes tienen rostro, las paredes del Cortijo Alto mojadas por las
lluvias, lloran; las encinas y los quejigos, oscilando entre la
niebla, bailan y el
arco iris se distiende. En fin, hoy, el día, el
paisaje, la gente, las cosas y hasta la vida, todo es de un gris pálido y confuso. Avanzo
montaña arriba, sintiendo el primitivo placer de observar y fantasear con la realidad. Mentalmente,
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