NACIMIENTOS DEL 15 DE SEPTIEMBRE
1731.- Juan de Villanueva, arquitecto español.
1830.- Porfirio Díaz, presidente de México.
1894.- Jean Renoir, cineasta francés.
1904.- Humberto, último rey de Italia.
1914.- Adolfo Bioy Casares, escritor argentino.
1919.- Fausto Coppi, campeón ciclista italiano.
1933.- Rafael Fruhbeck, director de orquesta español.
1945.- Carmen Maura, actriz española.
1945.- Eusebio Poncela, actor español. ... (ver texto completo)
buenas tardes victoria, pues por aqui nada de nubes, parece que las nubes se olvidaron de nosotros
un abrazo y que pases una feliz tarde
Buenas noches Antonio, tarde te contesto pero como sabes esta Eduardo en casa y salimos a dar un paseo,
Nosotros tambien tenemos calor y de llover nada de nada
Espero que lo de tu hijo lo puedas solucionar y puedan irse a los Madriles, bonita ciudad, yo vivi tres años y cuardo buenos recuerdos,
Feliz noche
Un abrazoooooooooooooo y hasta mañana
- La felicidad esta en ti mismo, si logras encontrarla, harás feliz a muchos más.
- Sólo es feliz aquel que se quiere a si mismo.
- Si aprendes a perdonar y a olvidar, vas a encontrar la verdadera felicidad.
- La felicidad llega cuando menos la esperas, Aprovéchala, que nada pierdes con tenerla
- La felicidad es estar satisfecho contigo mismo.
- Tomemos el tren que nos lleve a la felicidad.
- Hay más felicidad en dar que en recibir.
El final, decía el repugnante garabato, ya está aquí. No hay más hielo - el hombre echó un vistazo y salió corriendo. Más calor cada minuto, y los tejidos no pueden durar. Imagino que sabes - lo que dije sobre la voluntad y los nervios y lo de conservar el cuerpo después de que los órganos dejasen de funcionar. Era una buena teoría, pero no podría mantenerla indefinidamente. Había un deterioro gradual que no había previsto. El Dr. Torres lo sabía, pero la conmoción lo mató. No pudo soportar lo que ... (ver texto completo)
Lo que estaba, o había estado, sobre el sofá era algo que no me atrevo decir. Pero lo que temblorosamente me desconcertó estaba sobre el papel pegajoso y manchado antes de sacar una cerilla y reducirlo a cenizas; lo que me produjo tanto terror, a mí, a la patrona y a los dos mecánicos que huyeron frenéticamente de ese lugar infernal a la comisaría de policía más cercana. Las palabras nauseabundas parecían casi increíbles en ese soleado día, con el traqueteo de coches y camiones ascendiendo clamorosamente ... (ver texto completo)
Una especie de oscuro, rastro baboso se dirigía desde la abierta puerta del baño a la puerta del pasillo, y de allí al escritorio, donde se había acumulado un terrorífico charquito. Algo había garabateado allí a lápiz con mano terrible y cegata, sobre un trozo de papel embadurnado como si fuera con garras que hubieran trazado las últimas palabras apresuradas. Luego el rastro se dirigía al sofá y desaparecía.
En pocas palabras me asesoré con la Sra. Herrero y el trabajador a pesar de que un temor corroía mi alma, aconsejé romper la puerta; pero la casera encontró una forma de dar la vuelta a la llave desde fuera con algún trozo de alambre. Previamente habíamos abierto las puertas de todas las habitaciones de ese pasillo, y abrimos todas las ventanas al máximo. Ahora, con las narices protegidas por pañuelos, invadimos temerosamente la odiada habitación del sur que resplandecía con el caluroso sol de primera ... (ver texto completo)
Un terror negro, sin embargo, me había precedido. La casa estaba en una agitación completa, y por encima de una cháchara de voces aterrorizadas oí a un hombre rezar en tono intenso. Había algo diabólico en el aire, y los inquilinos juraban sobre las cuentas de sus rosarios como percibieron el olor de debajo de la puerta cerrada del doctor. El vago que había contratado, parece, había escapado chillando y enloquecido no mucho después de su segunda entrega de hielo; quizás como resultado de una excesiva ... (ver texto completo)
Finalmente, contraté a un desaseado vagabundo que encontré en la esquina de la Octava Avenida para cuidar al enfermo abasteciéndolo de hielo de una pequeña tienda donde le presenté, y me empleé diligentemente en la tarea de encontrar un pistón de bomba y contratar a un operario competente para instalarlo. La tarea parecía interminable, y me enfurecía tanto o más violentamente que el ermitaño cuando vi pasar las horas en un suspiro, dando vueltas a vanas llamadas telefónicas, y en búsquedas frenéticas ... (ver texto completo)