El "Segua", como le decían en su infancia, pasó la mayor parte de sus 38 años entre las calles de Puchuncaví. María Pérez, directora, en ese entonces, del colegio donde estudió, dice que siempre lo vio como un alumno tranquilo, callado e introvertido. "Teníamos un grupo de la cruzada eucarística, cuyo lema es oración, sacrificio y apostolado, nada que ver con lo que pasó, y él participaba."
Sus inicios se remontan a Puchuncaví. Guillermina Cisternas, una ex vecina de Pérez Silva en esa localidad, estuvo muy pendiente de las noticias la noche de la captura del psicópata de Alto Hospicio. "Me di cuenta que era él, sin que nadie me lo dijera. Lo conocí por su cuerpo. No se veía su rostro porque lo traía tapado con un poncho. Sabíamos que estaba en Iquique, así que por eso sabíamos que era él".
Pero, ¿quién es este silencioso desconocido que violó y mató sin dejar huellas, sin despertar sospechas? ¿Qué lo llevó a repetir, al menos nueve veces, un ritual de muerte que durante casi tres años logró esconder en la paupérrima soledad de Alto Hospicio?
Unas cuántas horas después de este encuentro, aquella niña, conocida hasta ahora sólo como Bárbara N, de 13 años, acabó con la historia criminal de Julio Pérez Silva, el peor asesino en serie de la historia de Chile. Fue el 4 de octubre del año 2001.
Guido Utreras pasaba por la carretera cuando vio a una estudiante tapada en sangre haciendo dedo. Atónito retrocedió a buscarla. Ella le rogó que la llevara al hospital porque un caballero en un auto blanco había intentado violarla. Se trataba, nada menos, que del denominado psicópata de Alto Hospicio.
Hace un tiempo, en la localidad nortina de Alto Hospicio, una decena de jovencitas fueron sistemáticamente secuestradas violadas y asesinadas por un tranquilo vecino del que nadie sospechaba absolutamente nada.
El amor es una comedia en un sólo acto: el sexual.
Las mejores cartas de amor están escritas por los que no están enamorados.
El amor propio es el más grande de todos los aduladores.
Procuro no tener demasiada pasión. La pasión es dejarse ir, transformarse en un sujeto pasivo.
El amor al prójimo no conoce límites ideológicos ni confesionales.
Muere mucha más gente de enfermedades venéreas que de amor.
No es el amor quien muere
somos nosotros mismos.
Da un poco de amor a un niño y ganarás un corazón.
¡Ay del hombre que quiere actuar sinceramente en el amor!