Ser hombre, hijo mío,
es pisar en las brazas del miedo
y seguir caminando.
Soportar el dolor de la carne en silencio
y aridez en los ojos,
mas dejar que las lágrimas fluyan
si el quebranto es del alma.
Es cercar el valor de prudencia
y el ardor de cautela,
sin torcer el propósito,
sin mellar al decisión forjada en el tesón,
la paciencia, la razón, la experiencia
y la meditación.
Es pasar,
--con los brazos ceñidos al cuerpo,
los labios inmóviles,
conteniendo el aliento--
junto al castillo de arena
(que es la felicidad que construyó otro hombre)
si con tu palabra,
o al extender tu brazo
pudieras derribarle.
¡Porque arruinar la dicha de tu prójimo
es más grave, peor, que introducir tu mano
en el bolsillo ... (ver texto completo)
es pisar en las brazas del miedo
y seguir caminando.
Soportar el dolor de la carne en silencio
y aridez en los ojos,
mas dejar que las lágrimas fluyan
si el quebranto es del alma.
Es cercar el valor de prudencia
y el ardor de cautela,
sin torcer el propósito,
sin mellar al decisión forjada en el tesón,
la paciencia, la razón, la experiencia
y la meditación.
Es pasar,
--con los brazos ceñidos al cuerpo,
los labios inmóviles,
conteniendo el aliento--
junto al castillo de arena
(que es la felicidad que construyó otro hombre)
si con tu palabra,
o al extender tu brazo
pudieras derribarle.
¡Porque arruinar la dicha de tu prójimo
es más grave, peor, que introducir tu mano
en el bolsillo ... (ver texto completo)