Tan fuerte es la querencia por el nido que pueden pasar sólo dos horas cuando llegue un adulto a relevar. Si el incubador se niega a dejarle el sitio, el relevante opta por echarse en posición de incubar a su lado, como si cubriera el huevo. Ante la falta de reacción de la pareja, dejará el nido para intentar cubrir el ansiado huevo más tarde. El éxito suele estar entre el noventa y el cien por cien de los huevos, si no les molesta el hombre.