Y sólo la evolución del toreo, de la caza al deporte de caballeros, ha fomentado el posterior desarrollo del toro, desde que, en los inicios del siglo XVII, se constituyeron, como tales, las primeras ganaderías, encargadas de afinar la crianza selectiva. Así, cuando comenzó el toreo a pie era fácil deslindar la geografía del toro y notorias las diferencias entre el navarro, el castellano y el andaluz, aunque, en todos ellos, se buscara potenciar la fiereza.
Para ello, el despoblado campo proporcionaba enormes extensiones de terreno adehesado para los toros, cuya crianza no entrañaba ninguna dificultad. Las ganaderías de reses bravas crecieron desde el siglo XVII e, incluso, algunos datos aislados apuntan a fechas anteriores. No obstante, el desglose de las reses más bravas, con destino a las corridas, no se produjo hasta principios del siglo XVIII, época en la que aparecen abundantes nombres de ganaderos y de lugares de pastoreo.
Para ello, el despoblado campo proporcionaba enormes extensiones de terreno adehesado para los toros, cuya crianza no entrañaba ninguna dificultad. Las ganaderías de reses bravas crecieron desde el siglo XVII e, incluso, algunos datos aislados apuntan a fechas anteriores. No obstante, el desglose de las reses más bravas, con destino a las corridas, no se produjo hasta principios del siglo XVIII, época en la que aparecen abundantes nombres de ganaderos y de lugares de pastoreo.