El uro. Son pruebas de un antiquísimo culto del toro, como demuestran los testimonios de Diodoro. La figura del toro salvaje se representa de forma naturalista: marcada corpulencia y fuerza, en especial los cuernos. A veces, el hombre se encuentra junto a él como cazador. En algunos lugares, se produce una antropomorfización del toro, pero en Iberia su figura está ligada a la magia del mundo vegetal, del animal o del humano. De un ser ligado a la tierra, sobre la que se yergue su figura benéfica, presente en el mundo humano como amigo aristocrático y familiar, cuyo máximo prestigio nace de su poder generativo.