Las propiedades de las aguas de Lanjarón fueron reconocidas a partir de 1770 pero será en el siglo XIX que la fama del establecimiento se extenderá y que sus manantiales se explotarán de forma terapéutica y continuada. Durante ese siglo adquiere renombre a nivel nacional e internacional presentándose en las Exposiciones Universales de París de 1878 (en la cuál recibe la medalla de plata en su categoría) y de Barcelona de 1888.