En el primero de los casos, se ha determinado la presencia de restos paleontológicos pertenecientes a oso y a hiena. Los restos óseos recuperados de esta última especie, que podrían representar a un número mínimo de cinco individuos de diferentes edades, poseen una relevancia especial pues están acompañados por abundante material de las presas y carroñas que aportaban a la cueva (caballo, ciervo, toro salvaje) y por un elevado número – entre mil y dos mil - de coprolitos (excrementos fósiles). Este último dato permite afirmar, sin lugar a dudas, que existía un cubil de hienas dentro de la cavidad, hallazgo de gran importancia porque su análisis permite el conocimiento de los períodos de ocupación por medio de dataciones; el ecosistema existente en la época gracias a la analítica del polen presente en los coprolitos y la determinación de la especie concreta de hiena que ocupó la cueva. Del mismo modo, por el momento, no parece existir en la Península Ibérica otro yacimiento con un número tan elevado de coprolitos de hiena.