Una vez en el interior, se encuentra una gran sala casi horizontal que, a unos cuarenta metros de la entrada, se bifurca en dos galerías. La de la izquierda va estrechándose progresivamente hasta llegar a El Pasillo, una zona angosta de unos treinta metros de longitud que comunica la sala anterior con la de Los Desprendimientos, así denominada por estar el piso parcialmente cubierto por un caos de bloques caídos. En la parte oeste, aparecen las primeras estalagmitas y coladas, observándose, en una de ellas, los únicos ejemplos de gours escalonados de la cavidad. A partir de aquí, la gruta continúa por la Gran Sima, un pozo de veinte metros de profundidad que da acceso a la Sala del Tesoro, en dirección suroeste. A partir de este punto, siguen pasos relativamente estrechos y salas no exploradas arqueológicamente, algunas de grandes dimensiones, como la Sala del Barro, la del Tobogán, la del Belén, la de los Murciélagos… La Sala de los Desprendimientos conecta, hacia el oeste, con la galería Gruyere que, siguiendo otra dirección, retorna a la bifurcación de la sala de entrada.