Gruesos arañazos de acerada punta de pico adornan las paredes y techos de las viviendas del barrio de casas-cueva de Guadix. La experiencia no es única. Se repite, igualmente, en Purullena, Belerda y Benalúa sin apenas diferencias. Quizás, lo único distinguible sea el oficio de sus habitantes, pues el desarrollo de la primera, extendida a la sombra de catedral y alcazaba, conlleva otras profesiones.