El fondo de dos grandes lagos prehistóricos ha ofrecido a los habitantes de Guadix la oportunidad de habitar el interior de la tierra a golpes de pico y pala. Considerada, hoy, como un lujo, la casa-cueva ha sido, generalmente, la vivienda de las familias más pobres, cuyo esfuerzo ha plantado un paisaje de blancas chimeneas sobre tierras ocres y amarillentas.