Para eso envolvían algún objeto en el pañuelo y las mujeres que más confiabilidad y reconocimiento tenían en el entorno, eran las encargadas de introducirlo dentro de la vagina de la novia, con el fin de corroborar a su salida, la aparición de sangre que representara la ruptura del himen. Aún hoy, algunas comunidades utilizan en las ceremonias maritales un rito de similitud al antiguo; sólo que ya no esperan asegurarse la virginidad; entonces la madre ingresa el pañuelo con el dedo adentro de los genitales de su hija, y al sacarlo la novia lo sacude con total alegría; que también celebra el novio como símbolo de la pureza de la mujer con quien unirá su vida.