Este hábito lo traen consigo desde cuando en sus comienzos se desplazaban en sus carros de un país a otro. En cuanto vislumbraban la posibilidad de algo brillante en el camino, detenían su marcha, y sí hallaban algo, enseguida debían de atárselo con alguna cinta o hilo a la pata delantera derecha del caballo, no pudiéndoselo quitar de la pata hasta no llegar al destino definitivo; en que recién allí disponían de la joya para usarla inclusive como talismán de protección, ya que se esa alhaja emanaba una energía muy positiva. Se la entregaban al gitano/a que creyeran más conveniente para llevarla consigo.