El vigor de la palabra se refleja en testimonios de todas las épocas; imprimiendo en cada una de ellas la certeza que emanan de quien las pone en su boca; pudiendo tratarse simplemente de una idea, una opinión, una creencia, una convicción o una impronta; resultando totalmente claro que a mayor fuerza, mayor potencial constructivo o destructivo generan a su alrededor.