El pueblo gitano era para mí un pueblo errante colmado de virtudes y sufrimientos, asimilando en sus costumbres aquella sabiduría que iban desentrañando en sus recorridas. Siempre mirados con curiosidad, dejando a su alrededor un halo de misterio o de miedo, por el que eran perseguidos o discriminados. En esos tiempos no tenía ni la información, ni la capacidad crítica para observar ciertas cuestiones que más tarde pude ir deduciendo. Los gitanos fueron quienes introdujeron las cartas de tarot en Europa y la lectura de las líneas de las manos; reconocidos fabricantes de ilusiones así como de talismanes y pócimas mágicas.