Por aquella época los matrimonios resultaban casi imposibles, debido a que el poder político y religioso ejercía un dominio sobre todas las personas que vivían en aldeas cercanas. Estas personas eran vecinas y la gran mayoría eran parientes en menor o mayor grado y la iglesia determinaban que no podían contraer matrimonio hasta 7mo grado de sangre y tampoco con personas vecinas. Para contraer enlace, no les quedaba otra que recurrir a estas uniones ilegales que se realizaban durante el Sabat.