Durante esa época numerosas personas fueron encarceladas acusadas de brujería y hechicería. Una de las acusadas que contaba con no mas de 20 años cuando fue aprendida, habría declarado que comenzó a ir al Sabat, y que durante esas reuniones conoció al diablo, al cuál le había tenido que acariciar el trasero y que solamente las más sabias podían acariciarle la cara. También que durante esas reuniones muchos se transformaban, convirtiéndose en gatos, perros, cerdos y las más variadas bestias, así como también bailaban con horripilantes máscaras y totalmente desnudos.