Algunos sabios, que existían en el occidente, consiguieron usar este tipo de energías, pero el dominio de la Iglesia romana y su legado judeocristiano los incriminó, los persiguió para exterminarlos físicamente y mancilló sus memorias.
Miles de herejes, llamados así por la Santa Inquisición fueron lanzados a sus sagradas llamas. Pero aunque la iglesia admitió sus culpas y errores, la realidad demuestra que estos hechos no son más que las reiteradas destrucciones, que la humanidad realiza contra sí misma.
Miles de herejes, llamados así por la Santa Inquisición fueron lanzados a sus sagradas llamas. Pero aunque la iglesia admitió sus culpas y errores, la realidad demuestra que estos hechos no son más que las reiteradas destrucciones, que la humanidad realiza contra sí misma.