En septiembre de 454 se presentó solo ante Valentiniano, que visitaba Roma en ese momento. Aecio trataba de hacer los arreglos finales para el matrimonio de su hijo con la hija de Valentiniano que, por supuesto, era el elemento más sospechoso de la situación en lo concerniente al Emperador. Extrayendo repentinamente su espada, Valentiniano la clavó en Aecio, y ésta fue la señal para que los funcionarios de la corte rodeasen al general y lo acuchillasen.