El inepto Emperador, que había estado un cuarto de siglo en el trono y había llegado a una poco heroica edad adulta sólo gracias a las hazañas de su general, abrigaba un hondo resentimiento por haber temido a ese general. Le fastidiaba haberse visto obligado a admitir que su hija fuese prometida en matrimonio al hijo de Aecio. Como medio siglo antes había sido fácil hacer creer a su tío Honorio que Estilicón aspiraba al trono, así también ahora Valentimano III fue convencido fácilmente de que la misma acusación contra Aecio era verdadera. Y, en cierto sentido, Aecio provocó su destino por su arrogancia y el engreimiento con que ignoraba las precauciones.