Atila reorganizó su ejército, recuperó el aliento y, en 452, invadió Italia, usando todavía como excusa su petición de la mano de Honoria, que se había prometido a él. Puso sitio a Aquileya, ciudad del extremo septentrional del mar Adriático y después de tres meses la tomó y la destruyó. Algunos de sus habitantes, huyendo de la devastación, buscaron refugio en las lagunas cenagosas del Oeste. Este fue, según la tradición, el núcleo inicial de la que más tarde sería la famosa ciudad de Venecia.