Si la victoria hubiera sido explotada hasta el fin, los hunos podían haber sido barridos y Atila muerto. Pero Aecio era aún más intrigante que general y le interesaba que los visigodos no se hicieran demasiado fuertes como resultado de la victoria sobre los hunos. Teodorico, el viejo rey visigodo e hijo de Alarico, murió en la batalla, y Aecio entrevió aquí una oportunidad favorable. Habla mantenido al hijo de Teodorico, Torismundo, como rehén para impedir que el viejo godo cambiase repentinamente de opinión con respecto al bando al que le convenía apoyar. Ahora envió al joven príncipe apresuradamente a Tolosa con su ejército para asegurarse la sucesión. Con la desaparición de los contingentes visigodos, Atila y lo que quedaba de su ejército pudieron escapar, pero Aecio podía estar seguro de que los visigodos estarían dedicados a una guerra civil. Accio tenía razón. Torismundo subió al trono, pero al año fue muerto por su hermano menor, quien a su vez se hizo coronar con el nombre de Teodorico II.