Desde hacía una generación, la Galia había sido el escenario de la lucha entre Aecio, en representación del Emperador, y diversas tribus germánicas. Aecio había hecho prodigios. Mantuvo a los visigodos confinados en el sudoeste, a los burgundios en el sudeste, a los francos en el noreste y a los britanos en el noroeste. Grandes extensiones de la Galia central seguían siendo romanas. En verdad, puesto que Aecio obtuvo las últimas victorias que lograron los romanos en Occidente, a veces es llamado «el último de los romanos».