Atila trató de dividir a las fuerzas que se les enfrentaban anunciando que no había ido a luchar contra el Imperio, sino sólo contra los visigodos. Conocía bien a Aecio y pensaba que sería fácil que éste se retirara y dejase que los hunos luchasen contra los visigodos. Pero, por una vez, Aecio no jugó sucio y se mantuvo firme.