Luego se dirigió al Oeste por diversas razones. El Imperio Oriental estaba ansioso de sobornarlo para que se alejase, como antaño había sobornado a Alarico, una generación antes. Además, el Imperio de Oriente ofrecía una resistencia desesperada, y Atila pensó con razón que el Imperio Occidental, más débil y en un estado más avanzado de desintegración, sería una presa mucho más fácil.