El año 350 d. C., mientras Shapur II de Irán (309-379 d. C.) se hallaba sitiando la fortaleza de Nisibis en la Mesopotamia romana, le llegaron noticias alarmantes de que unos invasores nómadas estaban atacando las fronteras orientales de su imperio; rápidamente levantó el cerco y marchó hacia la zona amenazada. Recientemente se ha puesto en duda el hecho de que éste fuera el motivo por el que Seleuco (Slwky), el juez sasánida de Kabul, hiciera su viaje a la corte del rey sasánida. Pero al parecer fue hacia estas fechas cuando Shapur II estableció su cuartel general en la ciudad que ahora se llama Nishapur, "la gran hazaña de Shapur", designación con la que se conmemoran estos acontecimientos. Durante casi diez años Shapur II se vio obligado a continuar la guerra contra los chionitas para poder mantener estable su frontera oriental. Por fin consiguió realizar su propósito y cuando en el año 360 volvió a emprender la guerra contra los romanos llevaba consigo como aliadas a fuerzas chionitas bajo el mando de su rey Grumbates. Pero a largo plazo sus esfuerzos fueron en vano, pues, según indican de manera suficientemente clara los testimonios, unas pocas décadas después las antiguas provincias kusanas ya no estaban bajo el control de los gobernantes sasánidas, sino que habían pasado al de los jefes de esos nuevos invasores procedentes de las estepas. Un nuevo poder había surgido en Irán oriental, el de los chionitas y sus sucesores, los kidaritas y los hephthalitas (o ephthalitas).