Las calles solían tener aceras o porches cubiertos y entre casa y casa se encuentra un callejón de servicios, como leñera en invierno y para almacenar aperos en verano. La protección estaba encomendada a una muralla con paseo de ronda por la parte alta, con cuerpo almenado. Las puertas solían ser rectas en cuanto a su entrada, aunque a finales del período gótico las hay en codo. Las torres de la muralla suelen redondas y practicables por dentro; en las torres que defendían la puerta existían los matacanes, o torretas salidas del lienzo.