Los hogares medievales no tenían nada que ver con lo que conocemos hoy. El campesino pasaba la mayor parte de la jornada fuera de casa. Las casas tenían muchas corrientes de aire y escasa luz. Las ventanas no tenían cristales. Para alumbrarse, pelaban un junco y lo mojaban en manteca, y eso ardía como una vela. Los suelos de tierra se solían desgastar a fuerza de barrerlos. La vida doméstica era muy habitual. Las familias comían, dormían y pasaban su tiempo libre juntas