Los manors se encontraban aislados, por lo que los aldeanos debían fabricarse todo aquello que necesitaban. Muy pocos tributos eran traidos de fuera, prácticamente lo único que llegaba del exterior eran la sal, para la conservación de la carne, y el hierro, para fabricar herramienta. Solían recibir visitas de los buhoneros, los peregrinos, los soldados, y muy pocas personas salían de la aldea.