En Gran Bretaña existían los manors, que estaban formados por una aldea, la casa señorial o el castillo del señor, una iglesia y las tierras circundantes. El que gobernaba la comunidad era el manor, y éste se encargaba de nombrar a personas que se encargaran de velar porque los aldeanos cumplieran con sus obligaciones. El señor también ejercía de juez y tenía el poder de multar a quienes quebrantaban las leyes establecidas.