La práctica de la medicina durante el alto medievo estaba preferentemente en manos de los monjes. Los principales centros de enseñanza y práctica médica estaban localizados en los monasterios, en donde se conservaban excelentes bibliotecas."Viandas delicadas y limpias" debían recibir los pacientes del hospital que fundó en Mérida el obispo Masona, según el texto de sus constituciones. San Isidoro de Sevilla (556-636) escribe un tratado de dietética. En De Natura Rerum describe la peste y cuatrocientos cuarenta y tres remedios higiénicos. Para San Isidoro la salud es una integridad armónica y un equilibrio natural del cuerpo. La patología estudia la pérdida de equilibrio, y la armonía puede recuperarse mediante el arte de la moderación, esto es, la medicina.